Japón: una sociedad plural y jerárquica

Japón es una cultura maravillosa: disciplinada y sistemáticamente disruptiva, orgullosa en lo individual y entregada en lo colectivo. Es también nutrida en lo abstracto, exquisita en los modales y sumamente detallista en lo material.

En esta amalgama de extremos cabe, tanto la excelencia hecha norma, como el más humilde y pertinaz arrostro capaz de manifestarse en la más escandalosa vanguardia. Y en contra de lo que pudiera pensarse, no es un continuo: la realidad es abrupta y maravillosa. Y gobernada por un arraigado código de respeto que mezcla cortesía e inviolabilidad.

Sin duda, uno de sus secretos debe de ser su carácter profundamente comprometido y jerárquico. El compromiso es su razón de ser, el orgullo su sostén, el trabajo su vínculo social y la cortesía su bandera. Pero sin duda, podemos decir que uno de sus valores de referencia es la experiencia.

Esta jerarquía les lleva a menudo a respetar por riguroso orden de importancia, si lo hubiera entre los miembros de cualquier reunión, el turno o hasta el espacio de palabra, y también a tener una alta estima a sus mayores y tradiciones.

Tal es el punto de esta abnegación, que podríamos definir la sociedad japonesa, a un tiempo, desde la rigidez y el sincretismo, una combinación que ha sido una de las improntas en la evolución de la sociedad japonesa, sin importar las épocas.

La experiencia es un grado… y un valor

En las Artes Marciales Tradicionales, esa continuidad y evolución ha sido siempre inalienable de la figura del Sensei, hasta el punto de que no se entiende una escuela, su transmisión o su representación sin la palabra Sensei.

Literalmente, en japonés significa “el que ha nacido antes” o “el que ha vivido antes”, a partir de los kanjis SEN (antes) y SEI (nacer, vida). Podría entenderse como “aquel que ha recorrido el camino”.

El concepto de Sensei siempre es una figura definida en el marco de la experiencia, y de forma totalmente orgánica, a la jerarquía. Por ello, el concepto de asociarlo a la enseñanza supone un desarrollo muy natural, es el responsable de sembrar y cuidar las semillas de las que ha sido depositario, ya sea saber o técnica, convirtiéndose en la articulación más evidente que permite la continuidad de dicho conocimiento.

“Tradición no es la adoración de las cenizas, si no la preservación del fuego”.
 (Gustav Mahler)

Es por tanto una figura transitoria, polifacética, mutable y versátil, cuya responsabilidad es mantener la continuidad de lo recibido y generado. Es el vehículo de transmisión de una tradición, que a menudo se ha constituía únicamente de experiencia, de práctica y conversaciones y con pocos o ningún documento escrito como prueba de los conocimientos que se poseían.

Luchar y vivir, para compartir después

Las Artes Marciales suponen la lucha con nuestros congéneres por la integridad física en un acto de enfrentamiento y en el fragor de un combate sin requisitos de equidad. Ya sea por auto-protección/auto-defensa, o por conquista/dominación; el hecho de sobrevivir y permanecer en condiciones de realizar otro combate, o de proseguir con las propias labores y vida en general es de un incalculable valor.

Por ello, la experiencia de quien “ha recorrido” y profundizado tales situaciones y ha salido airoso, reforzado o victorioso (no necesariamente a la vez), se vuelve en cualquier contexto un perfil valioso del que aprender para las propias contiendas.

El haber dedicado una parte considerable de su vida a cualquier deporte o disciplina física, a menudo contribuye a adquirir un conocimiento más o menos profundo sobre su naturaleza y desarrollo, junto con una serie de conocimientos transversales que son fruto del tiempo y digestión de la propia vivencia, y que pueden abarcar desde la preparación física, a la actitud de superación o mejora, pero también el control y la gestión de emociones (propias y de su comunidad de trabajo), así como una cierta resiliencia ante el fracaso y el esfuerzo y la concentración sostenida.

Además, es frecuente que la propia experiencia confiere nociones muy notables, si bien a menudo específicas, sobre primeros auxilios o lesiones más o menos habituales derivadas de la práctica regular y acorde al nivel de exigencia. Algunos sistemas han incluso conservado parte de estas tradiciones. E incluso cuando no es así, la experiencia siempre es un gran medio para prevenir problemas durante la práctica cuando se cuenta con un Maestro que ya los ha sufrido.

La vocación de la responsabilidad

Hoy en día, vivimos en la sociedad del conocimiento y del estado del bienestar, donde la tradición y el saber individual puede, además, nutrirse muy fácilmente de formación y certificaciones. Con ellas, el practicante se beneficia de profesores formados con un núcleo de conocimiento muy considerable en psicología pedagógica, preparación física, y procedimientos legales adyacentes a cada disciplina.

Además, se han ido definiendo federaciones y entidades que refuerzan la seguridad y las garantías que todo ello aporta, haciendo de la práctica un entorno muy seguro y garantista en materia de respaldo, reconocimiento y formación. Pero también, también en la gestión de expectativas, proyección de carrera, y cobertura en caso de accidentes o de lesión.

No obstante, esto es muy reciente, y gran parte de estas garantías, conocimientos y asistencias en la enseñanza de las Artes Marciales Tradicionales dependían casi en exclusiva del Sensei. Así, su responsabilidad no se limitaba a la educación o enseñanza en sus respectivas escuelas, en deuda con sus maestros y linajes; sino que, de cara a sus estudiantes, se debe a su salud y bienestar, que sigue haciendo posible la práctica y el aprendizaje en condiciones óptimas.

Esto implica responsabilizarse de la orientación, la precaución y hasta del cuidado de lesiones, confección de equipo o elementos de trabajo y el diseño de ejercicios específicos y también adaptados, y hasta la construcción o adecuamiento de los espacios de entrenamiento, que coincidían a menudo con sus propias dependencias personales o con su casa. Física y metafóricamente, el Sensei se abre a sus alumnos.

Esta responsabilidad se hacía extensible, incluso, a los actos de los propios estudiantes, cuyos hombros iban progresivamente adquiriendo la misma responsabilidad que la tradición, los conocimientos y la dedicación recibidas, imbuían a su espíritu. Llevar un nombre implica representarlo y llevarlo allá donde hoyen tus pies y, por ende, el del Sensei o Maestro, a quien a menudo se le exigía responder por los actos de sus estudiantes.

Un conocimiento para forjar personas, y armarlas en las vicisitudes de la vida

“Un Profesor imparte conocimiento, un Maestro instruye en el Arte de Vivir.”
(Luis Miguel Villegas)

En Occidente, nos remitiríamos directamente y en su sentido más fiel, a la figura de un Profesor. Sin embargo, los aspectos históricos particulares de cómo y en qué contextos se ha definido su figura, hacen tener en cuenta algunas consideraciones adicionales.

La práctica y el estudio de las Artes Marciales Tradicionales tiene implícita unos conocimientos que preparan al practicante para situaciones de lucha y conflicto, cuyos conocimientos y destrezas abarcan:

  • Control del cuerpo, equilibrio, propiocepción y coordinación neuromuscular desarrollando y aprovechando la propia biomecánica.
  • Control del espacio, y percepción del entorno, desde la autoconsciencia.
  • Técnicas de defensa, ataque, escape, suelta, combate y manipulación o control del adversario.
  • Uso de armas o herramientas, que puedan suponer una ventaja durante el combate, también para tratar de prevenir o reducirla, en caso de que sea necesario.

Al ser una práctica que tiene por objeto desarrollar capacidades de supervivencia y destrezas encaminadas al combate, el estímulo de éstas trasciende por un lado la autosuperación, y por otro, el espíritu de lucha del adversario/os. Nada es más estimulante que la propia supervivencia o la conservación de la propia integridad física.

Elementos relacionados con la capacidad física, la resistencia, la potencia, la agilidad, la movilidad articular, la velocidad y la optimización de cadenas musculares suponen los principales activos de trabajar la condición física, y conduce a un profundo conocimiento de las propias capacidades y límites, lo que desarrolla una valiosa intuición acerca de los riesgos a los que nos expone cualquier enfrentamiento.

Cuando uno enseña, dos aprenden

Sin embargo, a un Sensei o Maestro, se le refiere también la oportunidad de haber profundizado en estos conceptos. Con un profundo autoconocimiento, la experiencia se convierte en el vehículo para enseñar a más personas, y a su vez nutrirse de las vivencias y experiencias que surgen en esa nueva etapa de comunicación.

«El maestro ha fallado más veces de las que el aprendiz siquiera ha intentado»
(Manuel Artero Rueda)

Además, la escritura iconográfica y la inherente abstracción simbólica de la cultura y mentalidad oriental, y en especial de la japonesa, hace que la mera combinación de comunicar y experimentar o ejecutar un movimiento, suponga en sí mismo un ejercicio de abstracción que influye en cómo vemos el mundo y a los demás. El esfuerzo, la intensidad, la continuidad y como sentimos a nuestros compañeros o adversarios en la lucha, nos ayuda a entender de manera profunda cómo viven otras personas su vida y su proceso en la toma de decisiones.

Si además incluimos la necesidad de traducir conceptos del idioma japonés al nuestro, y hacer la conversión en la mentalidad y vivencia de un oriental a un occidental; nos encontramos con una nueva dimensión de profundidad. El que quiere entender, necesita implícitamente realizar un ejercicio de abstracción y profundidad: No hay tantas ideas ni sentires diferentes, sino unos pocos conceptos sencillos que mutan en función del contexto.

La única consecuencia de que un Maestro o Sensei se dedique a enseñar, es que su capacidad de aprendizaje se expande, y su vivencia del sistema se enriquece, reforzando el binomio de aprendiz y maestro en cada iteración y contacto.

No, no es solo aprender a pelear…

Lejos de ser sólo una disciplina física, debido a la naturaleza y requisitos de la práctica sostenida, algunos de los conocimientos accesorios, vinculado a la enseñanza y aprendizaje de Artes Marciales Tradicionales tienen grandes implicaciones en la vida personal de quien las practica.

“Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.»
(Pitágoras)

De aquí, la grandísima importancia de encontrar un buen Maestro o Sensei que pueda ayudarnos a digerir y expandir nuestra práctica a la dimensión más humana y cotidiana, siendo algunas asociaciones directas:

  • El conocimiento de la Anatomía Humana y la preparación física: que permite acondicionar y preparar el cuerpo para el combate, proteger las zonas vulnerables, atacarlas durante el enfrentamiento, y cuidarlas después, si han sufrido algún daño o impacto. En ocasiones se incluyen nociones de medicina, primeros auxilios, recuperación o autogestión, y siempre las bases para una práctica física segura.

  • Profundo desarrollo espacial y sensorial, educando la mente a dirigir los sentidos y controlar estímulos tanto endógenos como exógenos, como pueden ser distintas formas de meditación o respiración, mejorando el comportamiento de nuestro cuerpo y nuestra mente en situaciones de estrés o necesidad, e incluso mejorar nuestra autogestión en caso de enfermedad o en épocas de estrés, facilitando la autorregulación.

  • Reconocimiento activo de patrones de movimiento relacionados con la agresión y la lucha, lo que también favorece evitar o anular situaciones de conflicto mucho antes de que se desencadenen, permitiendo acciones y actitudes más sutiles y tempranas, y ya sean de naturaleza verbal o física.

  • Dominio del lenguaje corporal y la empatía, lo que, además de contribuir a reconducir conflictos y de ser conscientes de los daños que entraña la lucha, mejora las aptitudes de comunicación y para vivir en comunidad y sociedad.

  • Psicología del conflicto, que permite la adaptación a distintos contextos, agresores y estrategias, y a reconducir y acompañar nuestras emociones e impulsos, y las de otras personas.

  • Educación en valores, fruto de la responsabilidad adquirida, forjando mejores personas, más equilibradas, y que comprenden de manera profunda las consecuencias de reprimir o liberar según que comportamientos en su convivencia con los demás.

A menudo, el origen no es otro que entenderse, aceptarse y conocerse a uno mismo, en la serenidad y en la tempestad, en la quietud y en el movimiento. De ser consciente de uno mismo, de donde mana la fuerza y la seguridad.

¿Cuánto vale contar con alguien que disponga de herramientas, experiencia y disposición para acompañarnos en esta disertación interior? Aquí reside a menudo también la fuerza del vínculo que une a un maestro y a sus aprendices.

Y, además, está el Budo

Todo lo expuesto favorece que, en el caso de los sistemas tradicionales, además de técnicas de lucha, se hayan conservado prácticas y valores destinadas al enriquecimiento moral y humano de la persona. Códigos de conducta que invitan a la discreción y a la responsabilidad de las capacidades adquiridas durante el entrenamiento.

Ser conscientes de este recorrido y de la responsabilidad que implica, supone el forjado de valores que, además, en el caso de los sistemas japoneses, se ha visto muy reforzado por la corriente del Budo.

En tiempos de guerra o de conflicto entre fuerzas civiles y/o militares, parece razonable contener el pillaje y los abusos, y no en vano las clases guerreras siempre se han acompañado de códigos de disciplina y conductas acorde al peso que supone ostentar el derecho a la violencia.

Durante el período feudal de Japón, los códigos de conducta samurai no eran cualitativamente muy distintos de los códigos de caballería europeos, pero es que además, tras la Revolución Meiji (1868); los herederos de las tradiciones marciales se vieron en la tesitura de un fuerte rechazo social hacia cualquier costumbre o estructura relacionada con el antiguo régimen, despreciando todo lo relacionado con los bushi o samurái, una casta guerrera que poco tenía que aportar a los tiempos modernos de apertura internacional, comercio y tecnología…

Es entonces cuando empiezan a surgir corrientes de interpretación que se encaminan a reintegrar en la sociedad estos legados marciales. Maestros como Jigoro Kano (fundador del Judo), Gichin Funakoshi (fundador de la corriente Shotokan Karate-Do) y Morihei Ueshiba (fundador del Aikido), son quizás los más conocidos por sus propuestas de integrar las Artes Marciales Tradicionales en la sociedad moderna, y que articularon en base al deporte, la disciplina física y el crecimiento personal y la profundidad filosófica, respectivamente. No obstante, sería injusto decir que fueron los únicos que incorporaron este objetivo.

Esta reinterpretación supuso el núcleo duro de una creciente aceptación social, y fascinación, por las Artes Marciales Tradicionales, llevándolas a una nueva dimensión de aceptación y accesibilidad que no era tan frecuente. Por no hablar del impacto que tuvo el cine de artes marciales, donde jóvenes y adultos ávidos de impregnarse de ese aura misteriosa y letal que produce el cine, se acercaban curiosos a conocer los tatamis de los maestros que tenían a mano.

El gran mérito de esta visión, fue adaptar las artes y sistemas de lucha a tiempos de paz donde del bujutsu o técnica de guerra (que perseguía matar), se convierte en un medio para la mejora y el crecimiento personal, para una mejor convivencia en sociedad, formando individuos más completos, capaces y equilibrados.

El perder, el ser derrotado, se convierte en un medio para enfrentar nuestras debilidades y trabajar en ellas. Y el compañero, se convierte en el agente necesario para ese crecimiento. Aquello cuyo fin último era formar levas, ejércitos y guerreros, se convierte en un espacio seguro, retador, de crecimiento y empatía en colectividad, para una mejor convivencia.

“En mi opinión, la realidad del arte del Budo pasa por una cotidianidad enraizada en lo inmediato:
un espacio-tiempo que afirma el espíritu mundano, y abraza el instante presente
como expresión máxima de la verdadera vida.”
(Pedro Martín González)

Y entonces, qué es un Sensei de artes Marciales Tradicionales?

Según el autor de la última cita, Pedro Martín González, en su libro Hikari: buscando la Luz; expone el Budo en parte, como un compromiso con la alegría y la belleza, cuando se refiere a lo que un Sensei debe cuidar en sí mismo y transmitir a sus alumnos, como una receta para encender la luz del entendimiento. Así, referido a la Alegría y la Belleza en el Budo.

«Son resultantes de la ausencia de miedo.
Son resultantes de la diligencia.
Son resultantes de la contemplación.
Son resultantes de la libertad.
Son resultantes del aprendizaje sin límites.
Son resultantes del autosecubrimiento.
Son resultantes de la disciplina entendida y asumida.”
(Pedro Martín González, autor de Hikari: Buscando la luz)

Además, la autoridad bien entendida ha de ser debidamente entendida y contextualizada, para que pueda ser respetada, de utilidad y no atentar contra los principios de libertad, identidad e independencia. Supone un consenso fundamentado y particular que acompaña, promueve y guía el espíritu del practicante desde una relación profunda, de una manera similar a quien ha adoptado la decisión de guiarse a sí mismo.

Por todo lo expuesto, si hablamos de definir qué es un Sensei en las Artes Marciales Tradicionales, un Sensei es:

  • Cuando un estudiante entra en un Dojo, un Sensei es Anfitrión.
  • Cuando un estudiante busca conocimientos, un Sensei es Profesor.
  • Cuando un estudiante precisa guía, un Sensei es Mentor.
  • Cuando un estudiante busca preparación, un Sensei es Entrenador.
  • Cuando un estudiante busca consejo, un Sensei es Refugio.
  • Cuando un estudiante está perdido, un Sensei es Faro
  • Cuando un estudiante se siente solo, un Sensei es Familia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *